CAPITULO I

LOS LLAMADOS DE DIOS

 

“Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de paz.”Efesios 4:1-3

La mayoría de los pastores, evangelistas, misioneros, y trabajadores denominacionales tendrán experiencias  de “llamados”.  Aunque “el llamado” viene en muchas maneras en diferentes maneras, estamos seguros como ministros que hay un llamado al “ministerio profesional”.  La mayor parte de los cristianos evangélicos entienden el concepto del “llamado” al ministerio profesional.  Cada comité de búsqueda de pastores y numerosas personas laicas ha pedido que comparta la historia de mi “llamado”.  Quieren saber como una persona puede saber si el llamado es genuino.  Ha existido un concepto erróneo acerca del llamado de Dios, que ha sido extendido a través de los años, por predicadores que quieren hacer una brecha entre el llamado pastoral y el llamado laico.

Es una interpretación errada lo que conlleva a una protuberante falta a la verdad de las Escrituras el considerar el “llamado” un territorio exclusivo de los pastores.  Dios sí llama a los pastores, misioneros, y evangelistas; sin embargo Él también llama a los médicos, secretarias, abogados, amas de casa, y campesinos.  Todo cristiano es “llamado.”  Cada Cristiano, joven o viejo, rico o pobre, varón o hembra, talentoso o no, es llamado por Dios a vivir de acuerdo a Su voluntad, la cual incluye servicio a Él.

Jesús les dijo a Sus discípulos, “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto. . .” (San Juan 15:16a)  La epístola de Pablo a la Iglesia en Efesio fue escrita originalmente a sus miembros, no a los pastores.  Esta epístola fue escrita para enseñar a los miembros como relacionarse entre ellos y en la iglesia.  La epístola es muy práctica en su contenido y dirección.  Es casi un manual de comportamiento Cristiano para la iglesia.  La iglesia solo es tan fuerte como sus miembros.  Los pastores y los evangelistas van y vienen; pero las iglesias y sus miembros perduran.  La estadía promedio de un pastor Bautista sureño es aproximadamente dos años en cada iglesia.  Hay personas que has sido miembros solamente de una iglesia por toda su vida.  Pablo enfatiza la importancia de que los “Cristianos llamados en Efesio” vivan de acuerdo a dicho llamado.

La iglesia se compone totalmente de gente que han sido “llamadas”.  Cada miembro del Cuerpo de Jesús (que es Su iglesia) es llamado.  Si usted no es llamado, no es parte de la iglesia de Jesús.  Usted puede ser Bautista, Metodista, Presbiteriano o Católico, pero a menos que sea llamado de Dios, usted no es un hijo “nacido de nuevo” de Dios.  Los que Jesús llama, los llama por siempre.

Pablo dice en Efesios 4:1, “andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados.”  Cada cristiano es llamado a una vocación.  Usualmente, se piensa de los ministros vocacionales como pastores, pero Jesús llama a cada cristiano a que sea ministro vocacional.

Vocacional quiere decir a tiempo completo.  Cada cristiano debe ser un cristiano a tiempo completo.  Jesús no nos llama a ser cristianos solo a medio tiempo.  El Cristianismo es una obra de tiempo completo, veinticuatro horas cada día, siete días a la semana, y trescientos sesenta y cinco días al año.  No hay vacaciones, ni jubilaciones tempranas, y no hay espectadores.  La iglesia está llena de cristianos “llamados” que necesitan entender que su llamado es al servicio y preparación Cristiana a tiempo completo.

Vocacional quiere decir para toda la vida.  Cuando tomamos empleo vocacional significa que escogemos un trabajo que es nuestro trabajo de por vida.  Un médico graduado será un médico por toda su vida.  Es su vocación.  Un pastor llamado será un pastor por toda su vida.  Es su vocación.  Un cristiano es llamado para ser siempre un cristiano.

Somos cristianos vocacionales.  El Cristianismo no es un trabajo, no es una religión, no es una filosofía, y no es una iglesia.  El Cristianismo es un estilo de vida donde la gente trata de vivir diariamente según la voluntad de Dios motivados por un encuentro personal con Jesucristo.  La iglesia consiste en personas llamadas por toda su vida y a tiempo completos.

Cada cristiano tiene un llamado especial.  Por experiencias personales y por las experiencias de otros miembros del equipo pastoral, estoy seguro de que Dios sí llama a gente al servicio especializado.  Las escrituras nos dan muchos ejemplos del “llamado” de Dios a ciertas personas para hacer obras específicas.  Juan el Bautista fue llamado antes de su nacimiento para ser el precursor de Cristo.  Isaías el profeta fue llamado por una visión especial.  David fue llamado para ser el Rey de Israel.  Pablo fue llamado en el camino a Damasco para ser el Apóstol a los Gentiles.  La Biblia está llena de referencias a “llamados” especiales de Dios.  Dios coloca continuamente Sus ojos y manos omniscientes sobre su gente escogida.  Él los separa del resto y los ordena para hacer trabajo especial, pero el ministerio es el llamado de cada cristiano.

Cada cristiano es un ministro llamado.  La palabra ministro se deriva de la palabra Griega “diakonos”.  Es una palabra que quiere decir “servir”.  La palabra “diakonos” ha sido usada como nombre del oficio de diácono, pero no es limitada a este oficio.  Los pastores, los diáconos, y los trabajadores laicos han sido llamados para ministrarse uno al otro y a la comunidad.  Todos nosotros somos ministros juntos en el servicio de Dios.

Cada vocación secular es un campo de ministerio.  Usted tiene una gran responsabilidad con la gente a quien encuentra cada día.  Es probable que Ud. sea el único ministro en el radio de acción donde Ud. se desenvuelve.  Su trabajo, hogar, escuela, o parque es su campo de misión.  Sus amigos, familia, estudiantes, maestros, y vecinos son la gente a quienes Dios les ha dado para ministrar.

Hay un pequeño poema escrito por un autor anónimo que siempre me ha gustado mucho.  En parte dice lo siguiente:

         Solo soy uno,

         Pero, ¡soy uno!

         No puedo hacerlo todo,

         Pero ¡puedo hacer algo!

 

Otro poema que ilustra el hecho de que cada Cristiano es ministro y tiene un campo para servir es “El evangelio de acuerdo a usted”.

Usted es una epístola, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos.

Los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas, y Juan se leen por más que pocos,

Pero él que es más leído y comentado es el evangelio de acuerdo a usted.

         Usted está escribiendo un evangelio,

         Un capítulo cada día,

         Por las cosas que hace y las palabras que dice.

         Los hombres lo leen

         Ya sea sin fe o lleno de verdad.

         Diga, ¿cuál es el evangelio de acuerdo a usted?

         ¿Leen los hombres Su verdad y Su amor en su vida?

         ¿O ha estado la suya demasiado llena de malicia y contienda?

         ¿Habla su vida de maldad, o suena la verdad?

         Diga, ¿cuál es el evangelio de acuerdo a usted? 

                                                        

 

Usted es un ministro llamado por Dios para un ministerio específico.  Tiene una congregación de personas que lo miran y lo necesitan cada día.  ¡No hay opción ni debate, usted es llamado para ministrar!

Como la Biblia nos enseña que cada cristiano es un ministro llamado a una tarea, puede ser que usted reconozca que es verdad pero diga que su ministerio no es tan importante como el de otros.  Es posible que indique que no está adiestrado y no tiene talento, pero hará su parte pequeña.

 Su “llamado” al ministerio es muy importante porque Dios realiza el llamado.  Dios no juega a los dados ni hace cosas que no sean necesarias.  Dios llama a las personas para hacer tareas importantes.

No hay ministerio pequeño, solo cristianos pequeños.  Todos son importantes en el plan de Dios y todos son importantes para Él.  San Agustín, el gran padre eclesiástico, escribió, “No cuente a ningún hombre sin valor por quien Cristo murió.”  Usted es importante porque Dios mismo lo ha llamado y le ha dado una tarea que nadie puede hacer tan bien como usted.

Tenemos que “desenvolvernos de acuerdo al llamado.”  Es decir que debemos ser un ejemplo ante cada hombre.  Pablo escribe en Efesios 2:10 que el Cristiano tiene que andar conforme a como habla.  “Porque somos hechura suya, creado en Cristo Jesús, para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”  Es importante que nos comportemos dignos de nuestro llamado.  Dios nos llama a ser dignos de Él en todas las circunstancias.  Un andar digno es un andar que es aprobado por Él.

El llamado de Dios requiere un andar con humildad.  La humildad es la única actitud aceptable ante Dios.  El orgullo en sí mismo no tiene lugar en el andar Cristiano ni en la iglesia.  Muchos problemas en el compañerismo de la iglesia son relacionados directamente con el orgullo.  Jesús dijo, “cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.”  (San Mateo 18:4)  Santiago escribe, “Humillaos delante del Señor, y Él os exaltará.”  (Santiago 4:10)  San Pedro escribe, “Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todo, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.”  (1 Pedro 5:5)  Ser digno de nuestro llamado es practicar la humildad verdadera ante Dios y los hombres.

Un andar digno es un andar manso.  Jesús era una persona mansa.  Jesús dijo, “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón;

y hallaréis descanso para vuestras almas.”  (San Mateo 11:29)

Jesús se describe a sí mismo como una persona mansa.  Ser manso no es ser débil; sino es tener una preocupación bondadosa por otros.  Jesús nunca estaba demasiado ocupado para ayudar a la gente.  Tenía tiempo para las prostitutas, los publícanos tanto para los niños como también a los virtuosos y los trataba mansamente.  Él extendía su mano y tocaba con cariño las vidas de todas las personas en su derredor.

Un andar digno es un andar paciente.  Es un andar de templanza.  Es aferrándose a Él cuando todos los demás se han ido.  Es no desfallecer de hacer lo bueno.  Es “seguir perseverando.”  Dios necesita a los cristianos que tengan paciencia.  Los cristianos que no abandonan el trabajo hasta que se termine.  Somos dignos de nuestro llamado cuando aprendemos a tener paciencia con otros así como Jesús tiene paciencia con nosotros.  Tenemos que aprender a perseverar y no desfallecer en hacer lo bueno.

Un andar digno es un andar en amor.  Es imposible complacer a Dios a menos de que ministremos en amor.  (1Corintios 13:1 – 3)   Dios no se halaga por nuestras acciones ni regalos; Dios se halaga por nuestro amor.

Jesús les dijo a Sus discípulos, “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” (San Juan 13:35)

Dios perdonará cualquiera de nuestras faltas si tenemos amor.  Él encontrará aceptables nuestras acciones si las hacemos con amor.  Él nos declarará que somos de él si nos amamos los unos a los otros.  El amor que tenemos tiene que ser el amor de Dios.  Debe ser el amor que se da porque Dios nos ama tanto.  El amor de Dios es el catalizador que nos anima a las acciones de afecto.  Tenemos que andar en amor para ser digno de nuestro llamado.

Un andar digno es un andar en la unidad del Espíritu.  Hay un solo Espíritu y una familia de Dios.  Jesús les enseñó a Sus discípulos que la gente estaba a Su lado o contra Él.  (San Mateo 12:30)  No hay término medio.  El Espíritu nos hace uno en la unidad de Jesús.  Estamos cohesionados unos a otros con Jesús.  Una persona que no tiene el Espíritu Santo en su vida no pertenece a Jesús.  El Espíritu Santo es la “parte” de Dios en nuestras vidas que hace de todos los Cristianos uno.

La gente siempre busca terreno común, “Dimo con quién andas y te diré quién eres.”  La gente se asocia de acuerdo a lo que tienen en común.  Los aficionados de béisbol hablan de béisbol, los músicos hablan de música, y los agricultores hablan de cosechas.  Tratamos de encontrar terreno común sobre el cual podemos construir una amistad.  Los cristianos de todos los colores, culturas, y madurez tienen terreno común en el Espíritu.  Somos libres de no estar de acuerdo sobre alguna doctrina, pero nuestra unidad es en el Espíritu.  Él hace al moreno y al blanco, al rico y al pobre, al educado y al no educado, hermanos.

Los discípulos que escogió Jesús eran muy diferentes entre sí.  Los pescadores, los recaudadores de impuestos, gente intelectual y no educada se unieron para formar el grupo que Jesús llamó Apóstoles.  Estaban unidos solo en Jesús y así es para los cristianos.  Dios ha llamado a gente de toda la tierra y nos ha llamado su familia.  Un andar digno es un andar unido. 

Un andar digno es uno en el enlace de paz.

“Sino que a paz nos llamó Dios.”  (1 Corintios 7:15c)

Él os ha llamado a paz con Sí Mismo;

“¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”  (San Lucas 2:14)

Él nos ha llamado a vivir en paz con nuestro prójimo;

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.”  (Hebreos 12:14)

Jesús dijo, “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.”  (San Mateo 5:9)  No hay nada más inquietante que los conflictos dentro de una familia.  Es verdad sobre todo en la familia de Dios.  Una iglesia que siempre discute ociosamente es una iglesia que está en peligro de perder su testimonio.  Dios quiere que nosotros vivamos en paz unos con otros andando dignos de Su llamado.

Cada cristiano es llamado.  La iglesia está compuesta de cristianos completamente “llamados” de Dios.  Nuestro llamado es ser ministros y andar por esta tierra comos los hijos de Dios.  (Sean dignos de su llamado y sean unidos en Él porque su llamado es a la unidad.)

 

                                                                 

                                                                             jesús es el camino